Estamos viviendo tiempos históricos; por lo tanto, vamos a decir un par de cosas sin rodeos. En primer lugar, esta crisis no es un fenómeno exclusivamente griego y no es sólamente una crisis económica. Es una crisis global que afecta a los beneficios de los jefes, así como una crisis de las relaciones sociales capitalistas en general. En segundo lugar, la crisis no es sólo un momento de desorden y un colapso caótico (aunque sí existen tales momentos), sino más bien un proceso histórico para la reestructuración capitalista de las relaciones sociales en favor del capital. Por lo tanto, las llamadas medidas para superar la crisis no son otra cosa que lo que los jefes de este mundo tenían guardado para nosotros en el almacén. En tercer lugar, esta crisis no se va a resolver en nuestro beneficio a través de la alta política; no puede ser superada a nuestro favor en el ámbito estatal. Por lo tanto, no es una cuestión de decisiones gubernamentales como «hacer una quita de la deuda», «derogación de las medidas de austeridad» o «asegurar el crecimiento»; por el contrario, la respuesta a la crisis de los de abajo se encuentra en la lucha de clases y el antagonismo social en contra de la intensificación de la explotación y la opresión.

A partir de 2010, surgió un nuevo ciclo de luchas contra las políticas de austeridad y la devaluación de nuestra vida. Las luchas tuvieron lugar en los sectores público y privado, así como a nivel de la reproducción social (por ejemplo, transporte, educación, salud, energía, etc). Los momentos más masivos y de mayor confrontación en este ciclo de luchas tomaron la forma de manifestaciones militantes, ya fuera en el contexto de una huelga convocada oficialmente o sin ella. Estas luchas mostraron casi simultáneamente su potencial y sus límites. Por un lado, hubo una participación masiva con mucha determinación y un alto nivel de confrontación; provocaron la inestabilidad política y causaron grietas en la superficie de los programas de austeridad a través de la creación de una serie de asambleas autogestionadas abiertas y estructuras de solidaridad en los barrios de Atenas. Por otro lado, estas luchas permanecían atadas a una retórica anti-memorándum y, evidentemente, estaban impulsadas por la expectativa de que llegaría la «gran noche» que obligaría a aquellos en el poder a suspender todas las medidas de austeridad (o incluso a abandonar el país). Sin embargo, estas luchas no lograron traer resultados inmediatos y concretos que mejoraran las condiciones de vida cotidianas de los explotados.

En este contexto, después de la retirada gradual del movimiento en los últimos dos años debido a la represión terrorista de Samaras, se formó el gobierno de coalición de SYRIZA-ANEL en enero de 2015. El gobierno de coalición apoyó la patriótica retórica anti-memorándum acogiendo sus variaciones de derecha e izquierda bajo el mismo techo. Por otra parte, las tácticas de SYRIZA previas a las elecciones levantaron barreras significativas para las luchas sociales, ya que pospuso explícita o implícitamente su principal justificación para el día después de una posible victoria electoral. Esta promesa persistente de una salida electoral a la lucha de clases, en esencia, socavó el contenido de clase de muchas de estas luchas, así como las posibilidades de organización autónoma desde abajo. En el mismo sentido, la promesa electoral de SYRIZA fue abolir formalmente, nada más ascender al poder, el memorándum y su posterior implementación legislativa. El contenido de los votos a favor de SYRIZA tenía características similares a las de ese ciclo particular de la lucha: fue tanto un voto de orientación de clase como un voto nacionalista y populista. El discurso ideológico de los llamadas de SYRIZA a la «unidad nacional» en el marco del «primer gobierno de izquierda de la historia» se elaboró para subrayar su victoria electoral, y ocluye su intento de expresar los intereses de clase y las relaciones sociales que estaban en profundo conflicto. En esencia, se encargó de reconstruir el Estado como mediador político en tiempos de crisis, en última instancia, con el objetivo de lograr una paz social temporal. Para lograr esto, tuvo que jugar a obtener la adhesión de los trabajadores y los desempleados (consiguiéndolo a un nivel considerable), así como el apoyo de sectores del pequeño capital y de fracciones del gran capital. Adicionalmente, se requiso integrar a una parte de la burocracia estatal del PASOK y la clase política (junto a su debilitada red de clientelismo), pero también asegurarse la cooperación de los mecanismos burocráticos y clientelistas del «estado profundo», aprovechando la buena disposición de ANEL para formar el gobierno de coalición. De esta manera se apunta a la continuidad del Estado como mediador de los intereses de clase y como forma política.

No debe haber más dudas de que la coalición SYRIZA-ANEL es sólo una continuación de la política de la reestructuración capitalista. Esto no quiere decir que su enfoque sobre la administración sea idéntico a la administración de ND y el PASOK. En primer lugar, SYRIZA estaba dispuesta a hacer algunas concesiones que garantizasen los derechos civiles y liberar algo de espacio político a su izquierda, siempre y cuando éste no pusiera en duda el núcleo de la reestructuración capitalista. En segundo lugar, SYRIZA trató de manejar la situación, no en términos de un «estado de emergencia» mediante la represión masiva como lo hicieron sus predecesores, sino apuntando hacia el consenso social a través de un discurso de «gestión de crisis humanitaria». Al mismo tiempo, cultivó un perfil público de «negociador duro» en los órganos de la UE, a pesar de que simultánea y paulatinamente retrocedía posiciones en las negociaciones; dentro de Grecia y en el extranjero estaba siguiendo la táctica de «promesas para todos» jugando con la estabilidad de la UE y de supuestas iniciativas para la búsqueda de alternativas políticas.

Después de que las negociaciones encallaran, ha quedado claro que la estrategia política de SYRIZA de gestionar la crisis a través de un memorándum «suave» ha fallado. Después del intercambio de borradores de memorándum con las «instituciones» de Europa (que diferían en objetivos de clase específicos) la convocatoria de un referéndum parece un esfuerzo por mantenerse en el poder, en lugar de un movimiento político bien planificado que tiene en cuenta las repercusiones de todas las opciones. En otras palabras, SYRIZA fue conducido a un referéndum, ya que no podía «vender» un nuevo memorándum al pueblo griego sin colapsar y perder el poder. La espasmódica y altamente contradictoria táctica de gestión que siguió al anuncio del referéndum, y su incapacidad para prever el bloqueo de los bancos y sus consecuencias prácticas, muestra que el papel de SYRIZA como gestor político de la reestructuración del capital está encallando y allanando el camino para una largamente esperada quiebra económica estatal.

En lo que respecta a la propia consulta, hay que aclarar que se trata de un dilema impuesto de arriba a abajo establecido en un contexto donde los procesos del movimiento están en retirada. Está más que claro qué significa votar SÍ y qué resultados políticos producirá: la aceptación de una dura reestructuración neoliberal y una rápida devaluación de las condiciones laborales y el nivel de vida; los próximos pasos después de un SÍ serían las elecciones, la formación de un gobierno de coalición pro-memorándum, de aplicación de las nuevas medidas de austeridad y, muy probablemente, la represión extrema. Es evidente también, quienes son sus partidarios: la gran mayoría de los jefes, que están chantajeando y amenazando a los trabajadores en sus lugares de trabajo, la multitud los medios de comunicación, que se propaga el terror en un 24×7, el personal político de la burguesía, pero también una fracción de los explotados que aún tienen algo que perder, o que han sido conquistados por el miedo. Por otro lado, las cosas en los cuarteles por el NO están menos claras, ya que confluyen negativas a las medidas de austeridad que provienen de contextos muy diferentes y posiblemente contradictorios: que van desde el NO de los movimientos populares de clase, al voto NO explícitamente nacionalista de personas que no están en contra de la mediación política, sino simplemente que «no quieren que manden los acreedores (extranjeros)». Lo que está claro, sin embargo, es la forma en que SYRIZA va a gestionar un NO después del referéndum: como otra tarjeta de negociación, para alcanzar un acuerdo, es decir, un nuevo memorándum que no traerá ninguna mejora sustancial para la vida cotidiana de los explotados. Aunque los acontecimientos son difíciles de predecir, no podemos atribuir a un referéndum significados que no tiene. Por ejemplo, suponer que un voto NO conducirá definitivamente a la liberación de un potencial social a través de «la espontaneidad de masas». En este momento en que las formas de organización de clase de un ciclo anterior de las luchas están en profunda crisis, es demasiado optimista creer que un voto NO va a resolver mágicamente todos los problemas preexistentes.

En cualquier caso, es necesario aclarar lo siguiente a los efectos de los movimientos sociales de base: en primer lugar, que el referéndum ha intensificado la polarización de clases, refractada a través de la política estatal y, en este momento, desconectada del nivel de base. En segundo lugar, aunque ambas opciones conducen a un nuevo memorándum, una posible victoria del voto por el SÍ, después de cinco años de una depredadora reestructuración del capital, será una victoria simbólica del enemigo de clase que podría dañar la moral colectiva de los explotados y podría ensombrecer las luchas de clases de los próximos años. Consideramos que es un grave error subestimar las consecuencias prácticas de esta victoria simbólica.

Para nosotros, sin embargo, es igualmente miope decir que el tema político de este período se condensa exclusivamente en el referéndum. Entendemos el dilema que se nos plantea como sujetos políticos entre apoyar el NO y la abstención en la consulta. Pero tanto si los acontecimientos que vengan conducen a unas nuevas elecciones y la posterior aplicación del duro memorándum de la UE o, en cambio, a un memorándum ‘ligero’ impuesto por el gobierno existente, el juego parece estar perdido para la normalidad capitalista y la estabilidad social. Las colas delante de los cajeros automáticos, la falta de liquidez y el pánico generalizado no van a desaparecer como por arte de magia. La cuestión que se nos plantea es urgente: ¿cómo logramos sobrevivir y mantenernos cuerdos al mismo tiempo? ¿Cómo permanecer colectivamente en las calles unos junto a otros? Hay una serie de cuestiones de clase y sociales a las que debemos responder inmediatamente, de una forma organizada y colectiva, para que el miedo y la brutalidad (estatal o difusa) no lo hagan antes en nuestro lugar. En primer lugar, tenemos que encontrar una manera de asegurarnos de que nos pagan nuestros salarios laborales, reclamando directamente a nuestros jefes lo que nos pertenece, sin aceptar ningún pretexto. En segundo lugar, debemos trabajar para asegurar un impago desde abajo, no pagando ni un euro (o una dracma o un rublo) de las facturas de teléfono, electricidad, alquiler, transporte y salud. En tercer lugar, tenemos que encontrar una manera colectiva para cubrir la falta de medicamentos y suministros esenciales, imponiendo a los jefes su distribución gratuita en supermercados y farmacias. Por último, tenemos que aprovechar la riqueza de nuestras relaciones sociales para crear (o ampliar) las redes de comunicación y debate, empoderar a las asambleas en términos espaciales y temporales, con el objetivo de lograr comunidades reales de participación y lucha. Tenemos que apoyarnos unos a otros para encontrar formas colectivas directas para satisfacer nuestras necesidades, antes de que estas necesidades nos aplasten.

 

Asamblea por la Circulación de las Luchas (SKyA)

4 de julio de 2015

 

Traducción de Alasbarricadas.org

http://www.alasbarricadas.org

 

 

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